Comisionada de paz es el cargo que asumió Viviane Morales en la Casa de Nariño en Bogotá tras el anuncio de la Presidencia de Abelardo De La Espriella este viernes. Desde esta función, la exministra evaluará la implementación de los acuerdos y redefinirá la política estatal frente a los grupos armados.
La exfuncionaria retorna al gabinete tras su paso por el Ministerio de Educación, cartera que dejó el pasado 31 de agosto. Además de su papel como consejera, Morales estará encargada de liderar la Unidad de Implementación del Acuerdo de Paz en esta nueva etapa gubernamental.
Las funciones de la nueva comisionada de paz
La administración nacional comunicó que la flamante comisionada de paz tendrá como encargo principal analizar a profundidad lo pactado anteriormente. Esta labor incluye examinar la destinación del gasto fiscal y suprimir las estructuras burocráticas consideradas innecesarias para el funcionamiento del Estado.
El Gobierno fundamenta este cambio en la necesidad de evitar que el discurso de reconciliación sirva para conceder beneficios indebidos. Desde la Presidencia indicaron que la orientación priorizará la legalidad, el respaldo a la fuerza pública y la atención efectiva a las víctimas en todo el país.
No obstante, la Casa de Nariño aclaró que esta serie de auditorías se ejecutará bajo los parámetros de la Constitución y la legislación vigente. Por el momento, el Ejecutivo no ha especificado el cronograma de entrega de estos diagnósticos ni las modificaciones normativas concretas que llevará al Congreso.
¿Qué implica la revisión del Acuerdo de Paz?
Para la ciudadanía y las instituciones, esta evaluación supone una fiscalización exhaustiva del pacto firmado en 2016 con las extintas Farc. La comisionada de paz analizará qué compromisos presentan retrasos y si la asignación presupuestal cumplió con las metas de reparación y garantías de no repetición.
El mandatario Abelardo De La Espriella ha manifestado que cualquier concesión que vulnere los derechos ciudadanos será replanteada. Por ello, la revisión técnica busca determinar si los recursos públicos invertidos generaron condiciones de orden o si crearon escenarios de impunidad que deban ser corregidos de inmediato.
Bajo esa línea, la tarea de la comisionada de paz no contemplará la apertura de nuevos canales de negociación política. El foco institucional se concentrará en las obligaciones adquiridas por el Estado y en la depuración de dependencias gubernamentales que presenten duplicidad de funciones.
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El balance financiero tras el cierre de la Paz total
La designación se produce inmediatamente después de que el Gobierno diera por concluidas 12 mesas de diálogo instaladas en el periodo previo. Aquella política de la Paz total abarcó negociaciones tanto con guerrillas tradicionales como con bandas criminales de alcance urbano.
Las cifras oficiales del Ministerio de Hacienda revelan que entre agosto de 2022 y junio de 2026 se ejecutaron más de $125.174 millones para sostener los diálogos. Tras comprobar la falta de acuerdos definitivos y la persistencia de la violencia, la actual administración determinó suspender de forma definitiva dichos procesos.
El gasto estatal se concentró en dos frentes específicos de diálogo territorial:
- Negociaciones políticas con organizaciones guerrilleras y disidencias, con un presupuesto ejecutado de $107.572 millones.
- Acercamientos sociojurídicos con estructuras criminales y combos urbanos, en los que se invirtieron $17.601 millones.
Dentro de los rubros más cuantiosos, la logística y la protección de los delegados demandaron cerca de $43.180 millones. De esa cantidad, los desplazamientos aéreos nacionales e internacionales absorbieron $21.979 millones, mientras que los esquemas de seguridad implicaron $21.200 millones.
Destinación de los recursos públicos y próximos pasos
El informe presupuestal también detalla que el pago de honorarios para voceros, negociadores y facilitadores sumó más de $25.000 millones en los últimos cuatro años. Diversas rondas en el exterior requirieron cuantiosos traslados a sedes en Caracas, Ciudad de México, La Habana e incluso Doha, en Catar.
Asimismo, los mecanismos de soporte en terreno registraron una baja operatividad respecto a lo proyectado inicialmente. De cinco Zonas de Ubicación Temporal contempladas por el Estado, solamente se habilitó la del Valle del Guamuez, en Putumayo, con un costo cercano a $1.043 millones.
Con este panorama financiero sobre la mesa, la comisionada de paz deberá presentar las primeras conclusiones sobre la viabilidad de los programas de reinserción. El país queda a la expectativa de las reformas legales que impulse la Presidencia para consolidar su doctrina de seguridad en los territorios.
Fuente: elcolombiano.com


